Año 3- Edición 86 - 13-03-2017 ISSN 2422-7226

Provincia de Santa Cruz: La situación del mundo rural o cómo venimos perdiendo la tierra

ISSN 2422-7226

Río Gallegos, 15/07/2014. 9:00 am

En Santa Cruz  la tierra  supo generar la riqueza que organizó un Estado, la integración con el sur de Chile, una sociedad y cultura pujante que hoy tiende a desaparecer.  En este artículo identificamos una serie de claves de la situación  contemporánea de un mundo rural que aun cuando está lleno de organizaciones estatales de todo tipo y otras propias del sector ruralista y sus descendientes (Inclusive el propio gremio UATRE) no logran  conexiones de colaboración para parar el  derrame de crisis de sustentabilidad de la actividad económica que supo ser el pilar del desarrollo económico y que a través del poder de la tierra hoy parece extinguirse.

Como desaparece una forma social

Sin lugar a dudas,  si usted pregunta a los escasos pequeños y medianos productores que llevan sus explotaciones en forma tradicional extensiva, le dirán que no tienen rentabilidad. Sin embargo, ellos estarán dispuestos a seguir esforzándose con tal de  mantener el arraigo y la tradición familiar, pero que para seguir sosteniendo la actividad deben realizar otras actividades no agropecuarias. Muchas familias históricas de Santa Cruz,  obtuvieron sus unidades económicas de  veinte o veinticinco mil hectáreas a  principios de siglo, por solicitud y compra al Estado de las tierras denominadas hoy como estancias. Estas familias de  inmigrantes, que poblaron y vivieron permanentemente en el sitio, producían no sólo  sus consumos diarios para alimentación familiar (granos, frutales, hortalizas, lácteos, carnes etc,), sino que además  escolarizaban a sus hijos como “pupilos” en los pueblos cercanos.  Ese tipo de vida en total aislamiento de las poblaciones, ahora no es posible para propietarios ni para empleados rurales; entre otras cuestiones la escolarización de los hijos debe hacerse desde temprana edad, a partir de los cuatro años con el ingreso al nivel inicial, lo que obliga a compartir la actividad rural con la vida familiar en las ciudades.

La transición antes de la desaparición

Además de las distintas estrategias de sobrevivencia, se van acumulando los problemas estructurales de sus instalaciones: Deterioro por abandono  y robos intensificados,  falta de mantenimiento, etc. Por ello, no es raro que estos productores sean mirados en la retina de los pobladores urbanos como ”ricos”  (por suponer que las grandes extensiones generan riqueza acumulativa), pero que  hoy necesitan obtener otros ingresos que logran a través de múltiples actividades laborales.  Es común ver fleteros, pequeños comerciantes, empleo estatal ya que todo vale.  En general,  son emprendimientos de escasa envergadura de modo que aunque compartiendo tiempo para varias actividades no logran obtener remanentes para invertir y mejorar su producción agropecuaria; son los que necesitan y piden al Estado subsidios cuando sufren factores climáticos adversos, créditos a tasas subsidiadas, baja en los aportes previsionales del personal, suba del mínimo no imponible, baja del impuesto inmobiliario rural, eliminación de retenciones, apoyo técnico no rentado y llevan muchos intentos sin poder lograr incorporar nuevas tecnologías.

El subsuelo y el paisaje como nuevos factores de riqueza 

Frente a este panorama, dos nuevas actividades económicas  del capitalismo  moderno han avanzado sobre las tierras que languidecen en Santa Cruz, sólo en el área circundante a Perito Moreno hay enormes extensiones destinadas a producciones No Agropecuarias: ciento de miles de has de amortiguación del Proyecto “Cerro Negro” de la minera Goldcorp, que no cuentan con ningún tipo de proyecto serio de reconversión con sustentabilidad. Este tipo de acciones, ha generado la existencia de una agenda ambiental del campo que obstaculiza la posibilidad efectiva de sostener los intentos productivos de plantas y animales. Por ello, no ha sido raro que se introduzca con mucha legitimidad el conservacionismo; ya que hoy miles de hectáreas  cercanas a las destinadas para el futuro Parque Nacional Patagonia sobre la Meseta del Lago Buenos Aires están siendo manejadas con nuevos propietarios y criterios ultra conservacionistas que promocionan una “Patagonia Prístina”: Como se sabe, el guanaco y la fauna silvestre en general recorre enormes distancias permaneciendo en verano sobre la meseta y en invierno en los campos bajos con lo que a las pocas producciones existentes en el mismo área les espera un futuro incierto.

Porqué la desigualdad los hace más desiguales

Una de las dificultades cada vez mayor es la inexistencia de mano obra cualificada, pues la especializada atraviesa riesgos de desaparición generacional y ha transitado por condiciones críticas producto de la crisis del sector. Esto no es raro si vemos que muchos pequeños y medianos deben buscar subsidios  para pagar salarios, alejándose asimétricamente  de los que se pueden  obtener en la  actividad  petrolera, comercial o cualquier actividad informal urbana. Muchos también atraviesan problemas de gestión financiera en la disposición de créditos, dada la desigualdad social acumulada las condiciones de tomar créditos varían sustancialmente, siendo  reducidos los casos que efectivamente pueden acceder. Otros que todavía controlan sus establecimientos tienen serios problemas, su  situación fiscal, ya sea tenedor agropecuario y/o propietario es tan informal que adecuarlo a condiciones técnicas legales le representa un problema real de difícil  solución. Existe también una percepción diferenciada entre productores sobre las bondades de los créditos para recuperación de campos, la actitud del Estado en cuanto a corresponsabilidad en la devolución de los mismos. Esto es así, pues la experiencia enseña que en determinadas coyunturas algunos morosos licuan sus deudas mientras otros que han intentado cumplimentar sus pagos en dólares han  perdido todo. En consecuencia se experimenta una renovación legal y generacional de propietarios rurales  producto de  nuevos compradores externos a la región.

¿Quienes ganan y quienes pierden?

En cuanto a la producción existente se advierte poca innovación en el territorio la que  está concentrada en casos individuales y asociados a la disposición de capital  e incorporación de nuevas tecnologías. Entre las producciones no tradicionales se debe mencionar la emergencia de la crianza y producción de choique a nivel experimental,  la explotación de la carne, lana de guanaco y el engorde a corral. En estos casos explotar  implica desarrollar una producción en escalas amplias y exige niveles de capital considerables posibles de articular con la agroindustria a nivel mundial. Esto ha llevado a que hablar del desarrollo rural en Santa Cruz sólo es posible cuando las nuevas tecnologías se introducen en el sector agropecuario, dificultando posibilidades de participar en procesos de incorporación diferenciados del mercado y la agroindustria. El sector sigue reclamando  garantías legislativas  actualizadas y adecuadas  a las transformaciones que necesita el mundo rural, pero al parecer quedan sujetas a la baja capacidad existente de mediación entre Estado y un gremialismo sectorial débil a la hora de pensar estratégicamente lo colectivo del campo.

(Del Editor de OBSERVADOR CENTRAL)

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