Año 3- Edición 86 - 13-03-2017 ISSN 2422-7226

Cuando la vocación es la fuerza motora para hacer las cosas con amor

ISSN 2422-7226
El deseo de entrega al prójimo y de seguir contribuyendo al mundo la trajo a Argentina en el año 1945. La hermana Hosanna Mangolini llegó de Italia con 25 años de edad, con sus 88 años recién cumplidos continúa su noble tarea en Puerto Deseado.

A Hosanna, en aquel entonces la motivaba encontrar en nuestro país poder continuar la obra que ya había iniciado en Italia con tan corta edad, en su pueblo natal Turin,  bajo los años de desarrollo de la segunda guerra mundial. Época que le marco su vida, y la ayudó a aceptar las miserias humanas combatiéndolas con amor y entrega absoluta al hermano que más lo necesita, e incluso hacia aquellos hombres cegados por el egoísmo y la perversidad.

En la parte de su historia de vivencias oscuras, pero que aún así en su mirada y relato muestra siempre una sonrisa, además de las tareas culinarias, comenta que en aquel entonces cuando cumplía tareas de enfermería solicito al general alemán recoger los cuerpos o parte de ellos, con el único fin de que si encontraba italianos vivos pudiese dejarlos escapar, sin que se enteraran militares alemanes, antes de que fueran calcinados vivos.

Su historia de vida nunca la detuvo, como tampoco la fé y apoyo de su familia en su carrera vocacional. Hosanna nos comenta que su padre rezaba todos los días varios rosarios para que su hija fuese llamada por Dios, para que iniciara su camino de consagración mientras él manejaba el tractor para las labores de su finca;  al contrario se aferro a la fé y al amor de Dios, no tan solo para brindarse como hermana consagrada sino también para transmitir sabiduría a sus internas, y a las comunidades en las cuales supo dejar su huella.

A Hosanna nunca la detuvo nada,  todo lo que le sucedió en la vida le dio valor y fuerzas para ser perseverante y obtener fortalezas para enfocarse en su objetivo. Pudo recibirse de ingeniera agrónoma, veterinaria, y por si esto fuese poco adquirió conocimientos de mecánica llegando a armar su propia moto!. Llega a Buenos Aires, donde estuvo vinculada en sus inicios con el movimiento Salesiano, con el afán de estudiar. Cuando llega a la Patagonia, su primera experiencia la desarrolla en Puerto Santa Cruz durante 4 años, época que justo coincide con el conflicto bélico de Malvinas, donde Hosanna también cumple su misión de llevar amor y entrega, colaborando en los galpones con el armado de fogones y café con leche calentito para los combatientes.

A Puerto Santa Cruz le continuarían 4 años más en Puerto San Julián, para luego afirmarse con su camino de consagración en Puerto Deseado, donde actualmente vive. En todas las comunidades donde la hermana residió fué sido recibida con el mismo amor que ella entregaba.  En Puerto Deseado condujo grupos de alumnas internas, contribuyó con su sapiencia a la comunidad de las Hermanas Auxiliadoras, dió clases a alumnos del Instituto María Auxiliadora y a ladrones adolescentes, a quienes la vida y el tiempo la cruzó con el paso de los años reconociéndolos como hombres de bien y padres de familia, hecho que le produce el mayor de los regocijos y la satisfacción de la tarea cumplida.

Antes de terminar la nota, Observador Central le pregunta si tuvo la oportunidad de conocer la obra del sacerdote José Koltun, con una amplia sonrisa, la hermana Hosanna recuerda al padre como un gran amigo con quien podía conversar, y como anécdota relata que José Koltun fue tan bondadoso y aferrado a su misión de sacerdocio, que llegaba a visitarla en su bicicleta y le tomaba la confesión en sus momentos de jardinería en el  Colegio. Lo recuerda como un gran sacerdote quien llevo adelante una obra ejemplar en la Comunidad.

La hermana Hosanna con sus 88 años aún vive en Puerto Deseado, lugar de donde no quiere irse y a quien siente que le debe todo, aunque cuando le preguntamos sobre su niñez y adolescencia en Turin la recuerda como si fuese ayer, en el campo de su familia, con su perro fiel Boby, junto a su papa trabajando la tierra en los tractores, aun de noche en épocas de guerra, con linternitas como las de los mineros, con el sonido de las bombas y el temblor de la tierra, por los aviones de 4 motores.

Pero más allá del dolor y en medio de la oscuridad esta la luz del amor y la inmensidad de la entrega completa … los frutales, los campos, los animales y su bella familia, a quien seguramente el todopoderoso volverá a reunir en algún lugar donde Hosanna siga entregando su amor infinito.

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