Las olas de calor extremo afectan a gran parte del país y generan riesgos para la salud física y mental. Autoridades sanitarias insisten en la importancia de la hidratación, la prevención y el cuidado de los grupos más vulnerables.
Durante el verano, las olas de calor se han vuelto más intensas y frecuentes en Argentina, impactando directamente en la salud de la población. Las altas temperaturas sostenidas pueden provocar golpes de calor, deshidratación, agotamiento y agravamiento de enfermedades preexistentes.
Los grupos de mayor riesgo incluyen niños pequeños, personas mayores, embarazadas y quienes padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Especialistas recomiendan evitar la exposición solar en horarios críticos, mantener una hidratación constante y prestar atención a síntomas como mareos, confusión o fatiga extrema.
Además del impacto físico, el calor extremo también influye en el bienestar emocional, generando irritabilidad, trastornos del sueño y mayor estrés. En este contexto, el acceso a información clara y confiable resulta fundamental para reducir riesgos y fortalecer el autocuidado.
La adaptación a escenarios climáticos extremos requiere no solo respuestas sanitarias, sino también políticas de prevención, infraestructura adecuada y educación comunitaria para enfrentar eventos cada vez más recurrentes.