El estrés, la autoexigencia y la incertidumbre marcan a una generación que busca herramientas para sostener su bienestar.
La salud mental adolescente se posiciona como uno de los principales desafíos sociales de la actualidad. Según datos de la World Health Organization, los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron de forma sostenida en jóvenes durante los últimos años, especialmente después de la pandemia.
Entre los factores más señalados aparecen la presión académica, la exposición constante en redes sociales y la incertidumbre respecto al futuro. Muchos adolescentes manifiestan dificultades para gestionar emociones, sostener rutinas y encontrar espacios de contención. Esta situación impacta tanto en su vida personal como en su trayectoria educativa.
Frente a este escenario, especialistas proponen fortalecer la educación emocional en las escuelas, generar espacios de escucha activa y promover políticas públicas que integren la salud mental como parte fundamental del desarrollo integral de las personas.