La brecha digital no solo es de conexión, sino también de oportunidades y habilidades.
Aunque el acceso a internet se ha expandido en los últimos años, la desigualdad tecnológica continúa siendo un factor determinante en las trayectorias educativas. Informes de la OECD indican que estudiantes con menor acceso a dispositivos y conectividad de calidad enfrentan mayores dificultades para sostener sus procesos de aprendizaje.
La brecha digital no se limita a tener o no conexión. También incluye la calidad del acceso, el tipo de dispositivos disponibles y las habilidades para utilizar herramientas digitales de manera crítica y productiva. Esto genera diferencias en el rendimiento académico y en las posibilidades futuras de inserción laboral.
Especialistas advierten que reducir esta desigualdad requiere políticas integrales: inversión en infraestructura, capacitación docente y programas de alfabetización digital que permitan garantizar igualdad de oportunidades en un contexto cada vez más tecnológico.